Los sueños no te dicen a dónde vas a llegar, te dicen cómo eres
cuando eres Tu, cuando eres Feliz.
Los sueños no deben ser el lugar ideal al que quieres llegar,
aquel día lejano en el que finalmente podrás ser feliz. Los sueños te deben de
enseñar, más bien, a la persona que puede ser, cuando buscas lo que quieres.
Yo cometí el error de creer que los sueños eran aspiraciones
lejanas, de algo que vendrá, cuando ciertas cosas sucedan.
En realidad, son la herramienta que tenemos en la mente para
imaginar aquello que somos, cuando hacemos lo que queremos. Son la posibilidad
de vernos a nosotros mismos, en nuestra mejor versión.
En un sueño, tu construyes el escenario, tu construyes el tiempo,
el contexto, pero sobre todo, imaginas cómo eres cuando vives todo eso.
El error que yo cometí por muchos años, fue creer que esa persona que
aparecía en medio del sueño, o sea yo, sólo podía tener esa cara de felicidad
cuando el escenario, el contexto y el tiempo se dieran como yo los imaginaba. Así
como aparecían en el sueño. Eso era lo importante del sueño.
Y así, mi esfuerzo se centraba en crear las condiciones externas,
y buscar el tiempo correcto, para ser como aparecía en el sueño. Libre y Feliz.
Dos problemas.
Yo no controlo el tiempo ni el contexto. Por más esfuerzos que
haga.
Y así, el escenario jamás será como el que yo imaginaba. El
trabajo de mis sueños nunca será como el que yo veía, la casa de mis sueños
nunca será como yo la proyectaba, mis hijos nunca serán como yo los había visto
en mis sueños, mi futuro jamás será como yo lo había pensado.
La primera reacción al darme cuenta de esto, fue de angustia. A mi
me gusta planear mi vida, me gusta proyectarla, me gusta imaginarla para hacer
una buena estrategia, y para saber todo lo que tengo que hacer para llegar al
siguiente paso.
Me angustió darme cuenta que mi futuro no se va a parecer a mis
sueños, y que mis planes me van a llevar a un lugar diferente al que yo estoy
pensando.
Soy malo para enfrentar la incertidumbre.
Hasta que entendí que no tengo que enfrentarla. Porque hay algo en
cada sueño que si depende de mi, que yo puedo diseñar, crear y construir. Que me
da certidumbre, y sobre todo, Paz.
El único elemento de mis sueños que depende de mi, es el actor
principal. Nada puedo hacer respecto del lugar, del tiempo o de las
circunstancias. Pero si puedo vivir como vive el personaje que habita en mis
sueños, porque soy yo.
Ese tipo que es feliz en mis sueños, sonríe porque yo así lo estoy
imaginando.
Yo decido que sonría, porque está en mi sueño, no porque tiene
cosas, o hace cosas, o porque éstas le llegaron en el momento adecuado.
Y así, se me quitó la angustia.
Se me quitó la necesidad de planear el contexto y el tiempo.
Se me quitó la necesidad de planear y construir el escenario, de
tener cosas y hacer cosas para que la realidad se parezca al escenario de mis
sueños.
Esta necesidad consume demasiada energía. Quita demasiada
atención, y al final, nunca queda igual. Después de planear, hacer y trabajar,
el día que llega, el escenario es otro, y la película cambia.
Entonces, ¿a tirar la hueva y dejar que la vida pase?
No en mi caso. Ahora mi energía la voy a dedicar a trabajar hacia
adentro.
Yo quería arreglar el caos de afuera, para apaciguar, como por
arte de magia, el caos de adentro.
Y el caos de afuera se la pasa agarrándome a madrazos todos los
días. Yo quería orden afuera, para poder después tenerlo adentro. Y nunca
sucedía.
Ahora quiero armonizar y equilibrar el caos de adentro, para poder
vivir feliz en el caos de afuera.
Ahora quiero claridad por dentro, para poder vivir en el desmadre
que hay allá afuera. Pero No sólo para sobrevivir, sino para vivir pleno y
feliz.
Y no sólo para atravesar por el caos de afuera, sino para influir
positivamente en el. Ese es mi sueño. Ser un agente positivo de cambio. Ser luz
que mueva cosas.
Ahora, cuando cierre los ojos y sueñe, me voy a concentrar en el
personaje central, y no en el escenario donde éste juega a ser feliz.
Ahora, cuando sueñe, voy a
fijarme más en el tipo que sonríe, y baila, y juega y se siente pleno, en el
centro del escenario, para aprender a ser como él.
Ahora cuando sueñe, lo haré pensando en un tipo feliz, ….y no en
un lugar y en un tiempo feliz.

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ResponderEliminarCoincido contigo, durante muchísimo tiempo, años en realidad, toda mi energía se agotaba tratando de cambiar el escenario, llego a convertirse en algo extenuante; llegue a vivir épocas de verdadera ansiedad y desequilibrio, al buscar resolver a fuera, todo el caos, que me consumía no solo en sueños, peor aún era mi infierno en la cotidianidad.
ResponderEliminarGracias a Dios y a su infinita bondad, al igual que tú, tomé conciencia de que era yo quien debía dejar la butaca en la q estuve sentada por años, observando y lamentando lo que ante mis ojos veía en ese escenario, que era por mucho, muy diferente a lo que yo deseaba, a lo que a mí me hubiera gustado tener.
Y cuando uno llega a ese punto, cuando por fin abres los ojos del alma y entiendes que solo conociéndote, amándote, perdonándote y valorándote, puedes iniciar ese cambio, desde tu interior, qué es de adentro hacia afuera y no al revés, es cuando empiezas a sentir plenitud.
Dios te bendiga por siempre Max, porque a través de tus palabras, haces que muchas personas tengo certeza de ello.
Gracias infinitas desde mi corazón hacia el tuyo.
Alejandra Yolixma Sánchez Zamacona
Max ve al cine a ver "Héctor en busca de la felicidad" creo que te puede gustar.
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