Este mes cumplo 40. Se oye
fuerte. Pero me siento mejor que nunca.
Se siente como llegar a la mitad del camino. Siento como
si me quedara un tanto más o menos igual al que ya viví.
En un famoso cartón de Quino,
Mafalda lee en un libro la frase “La Vida comienza a los cuarenta” y ella se
pregunta con cara de angustia “¿Entonces para qué cuernos nos hacen venir con
tanto anticipación?”
Siempre he sido el fan número uno
de Quino y Mafalda, pero hoy río más que nunca con ese cartón.
Hoy creo saber mejor que nunca el
sentido de la frase y la respuesta a la pregunta de Mafalda.
Según el psicólogo Mihály
Cskszentmihalyi (no estoy inventando su apellido ni tiene faltas de ortografía!!!! Jajajaja, su apellido es tan impronunciable
como él es brillante!!! No dejen de leer su Libro más famoso “Flow”)……en fin,
según este famoso psicólogo, los seres humanos pasamos por tres etapas de
desarrollo básicas para definir la personalidad. Y algunos, una cuarta.
La primera etapa inicia al nacer.
De niños, y hasta que entramos en la adolescencia, se trata de Descubrir.
Aprender a través del encuentro físico con las cosas. Saber del mundo a través
de los sentidos.
En la segunda etapa, la clave es
Pertenecer. Entrar a un grupo, a un clan, a una tribu, o varias, que te den sentido
de pertenencia, y te dejen entender algo de lo que eres. Lo que buscamos en la
segunda etapa es definirnos a través del reflejo de otros que se parecen a mí,
o quieren lo mismo que yo.
Luego, viene la tercera etapa.
Todos, o casi todos, entramos en
una crisis. Y la pregunta en esta tercera etapa es: “¿Quién soy yo?”
El grado de profundidad con el
que se vive esta crisis depende de la personalidad y el contexto de cada
persona. Y también de eso depende pasar o no a una cuarta etapa. No todo mundo
lo hace.
Algunos la viven sólo por la
superficie. Llenos de ocupaciones, cosas, tareas, responsabilidades y rutinas,
deciden que el grupo al que pertenecen ya les dio la respuesta, y Son aquello
que el grupo ya definió que son. El título, el lugar, el estatus o la falta de
éste, ya contestaron la pregunta, y ahora sólo se trata de sobre llevarla de la
mejor manera posible.
Otros (como yo), viven esta
crisis con mucha más profundidad. Los intensos.
Para éstos, la tercera etapa, a
la que se refiere el psicólogo croata de apellido impronunciable, es un shock.
Se trata de una verdadera bifurcación en la vida: “Le sigo por el mismo camino…….o
me detengo, analizo mi vida y le doy un giro”.
Para personas como yo, la
pregunta “¿Quién soy yo?” es todo un dilema. A veces incluso, una tormenta.
Los títulos que me puso el grupo
o los grupos a los que pertenezco, ya no me explican mucho sobre mí, y algunos
incluso me chocan y me desagradan.
El estatus, poco o mucho, ya no
me sirve para nada.
Las cosas materiales, sólo me
entretienen un rato, y me sirven para satisfacer necesidades propias y de mi
familia.
Las costumbres y normas sociales
me aburren. Las reglas morales y religiosas me parecen cada vez más absurdas,
enajenantes y encadenantes.
Las pláticas de algunos conocidos
de toda la vida me parecen estúpidas y repetitivas hasta la náusea.
Ser “reconocido” me provoca cada
día menos emoción. “Encajar” en nuevos grupos me da cada vez más gueva!!!
Es decir, todo aquello que parecía
normal, incluso deseable, hoy me parece absurdo, inútil y aburrido. Madres!
“Pinche abuelo!” me dicen algunos
amigos.
Y así me sentiría, como un pinche
abuelo, si no hubiera tenido la fortuna de toparme con los Libros del croata.
Básicamente me dijo: “Relájate pendejo, es normal, todo mundo pasa por ahí. No
estás viejo, sólo estás en crisis”.
Hace 5 meses que lo leí, le
entendí poco. Hoy lo entiendo perfecto.
En efecto, no soy un pinche
abuelo, pero tengo una nueva claridad, que sólo llega con la edad y las crisis.
No voy a comprar una moto, ni un
coche deportivo, ni voy a buscar una chavita de veinte años para sentir que aún
puedo pasar por chamaco. Por ahí no va mi crisis.
Lo que quiero saber es quién soy,
debajo de todo aquello que se fue construyendo alrededor de mí.
No soy mi contexto. No soy la
imagen que otros tienen de mí. No soy aquello que otros esperan de mí, incluso
aquellos que me aman.
Soy algo más complejo, profundo y……espero……interesante.
Soy lo que pienso. Soy lo que
sueño. Soy lo que imagino. Soy aquello que diseño y construyo. Soy lo que entiendo
de mí. Soy lo que creo de mí. Soy lo que veo de mí. Soy aquello que la gente
que me ama, refleja de mí.
Soy un pinche roperito cuadrado y
chaparro que siempre está lleno de energía, ideas y pasión. Soy un niño
travieso que vive para jugar. Soy un adicto a provocar sonrisas. Soy un
inconforme con lo que se vive en mi país y en mi mundo.
Soy un soñador de 40 años que aún
cree que las cosas pueden ser diferentes.
Soy un iluso que cree que puede
ser un factor, que provoque ese cambio.
Soy un romántico que cree en el
poder del amor.
Soy un intolerante de la gente
que no cree en nada más que en sí mismos.
Soy un amigo leal, y un hijo
agradecido, de un dios amoroso.
Así, ya tengo la respuesta. Ya sé
quién soy. No fue fácil llegar hasta aquí. Pero ya llegué.
Entonces, ¿ya pasé a la Cuarta
Etapa? ¿A esa que sólo algunos deciden buscar?
¡Ni Madres!
El pedo, es que ahora me surgió
otra pregunta: “¿Y qué hace uno con todo esto?”
Cuando cambias desde adentro,
todo lo de afuera cambia. Todo se ve distinto. Unas cosas se ven más Bellas y
completas. Pero otras dejan de ser necesarias en tu vida.
Hay gente que ahora brilla ante
tus ojos como nunca, y que encaja de manera perfecta en tu nueva vida. Y otros
que pierden por completo el brillo, y hasta cuesta trabajo recordar por qué
estaban tan cerca de ti.
Y entonces, la crisis no acaba
con la respuesta a la pregunta “¿quién soy?”
A punto de entrar en la segunda
crisis, me topé con el Libro “Breaking the habit of being Yourself”, de Joe
Dispenza. Cuando leí el título, moría de risa.
¿Es un mal hábito ser como soy? Descubrí
que sí.
Descubrí que uno de mis peores
hábitos es creer que debo saber siempre qué debo hacer, hacia dónde debo
dirigirme, y qué sigue.
Para mí, esto era un buen hábito:
planear y prevenir.
El problema es que yo no sólo
planeaba, pretendía controlar el siguiente paso, y su contexto.
Así, ni siquiera responder una
pregunta tan profunda y trascendental como “¿quién soy?”, me tenía tranquilo.
Hasta que decidí tomar uno de los
mejores consejos del libro: Tú encárgate del Diseño de tus Sueños, y de
visualizarlos, y déjale al universo el “Cómo” y el “Cuándo”.
“Chale,….. ¿Te cae que es tan
sencillo?” me he preguntado incrédulo una y otra vez.
Hasta que decidí creerle y
aplicarlo. Y les juro que las cosas empiezan a suceder.
Así, llego a mis 40 en un gran momento.
Ya sé quién soy. Ya sé qué quiero hacer con mi vida. Ya sé con quién cuento
para acompañarme en el camino.
Ahora sólo necesito aprender a
tener fe en que la senda se irá aclarando.
Y aprender a recorrerlo con una
sonrisa.
Siempre he visto el niño en ti porque pareces decir la verdad, juegas, te ríes de la vida, investigas, descubres, y más, todo eso, como lo haría un niño, con dulzura; porqué no creer que esas etapas las recorre el mismo niño de siempre, ya sin su inocencia...? 🍀
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