Un Nuevo Espacio

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Vamos a empezar de nuevo.

viernes, 12 de junio de 2015

¿Y si hoy dejara de ponerme calificaciones?




¿Qué pasaría si un día decidiéramos dejar de calificar todo lo que hacemos?

¿Qué pasaría si no nos preocupara la evaluación externa, la calificación o la opinión de otros?

¿Qué pasaría con nuestra vida, si aprendiéramos a vivir sin juzgarnos y calificarnos a nosotros mismos?

Vamos a hacer el ejercicio….

Desde que nacemos, nos ponen una calificación. Según la escala de Apgar, que se hace al minuto uno y cinco de nacidos, somos mejores o peores, dependiendo de la escala en la que nos ubican. Los papás preguntan ansiosos “¿Qué calificación tuvo doctor?”……y se sienten de maravilla cuando les dan un buen resultado, y hasta lo presumen orgullosos con las visitas en el hospital “Sacó 9.8”, como si eso fuera a tener algo que ver con su desarrollo futuro.

Y a partir de ese momento, todo lo que hacemos está bajo el escrutinio y calificación de todo mundo. Pareces valer más si estás en la escolta y en los tres primeros lugares de promedio del salón, que si eres el que provoca audiencias constantes de tus padres con la maestra. El hermano estrellita es el que la mamá presume con otras mamás, y el otro “es muy simpático y ocurrente”.

Cualquier deporte en el que te involucraras desde pequeño tenía grados, cintas, evaluaciones, tiempos tope, estadísticas, etc.

No está mal la competencia, a mí me encanta, y creo que el haber sido muy deportista desde pequeño, y haber estado en una muy buena escuela toda mi vida, me hicieron lo que soy el día de hoy, y me gusta lo que soy el día de hoy.

Sin embargo, también creo que a veces la presión es demasiada, y tiene consecuencias. Desde pequeños recibimos el mensaje de que valemos el equivalente a nuestras capacidades.

Ser escogido al último para el partido de fut de la escuela es una fea marca que se queda para toda la vida. Ser el alumno que nunca saca premios de nada, también. Ser el niño al que nunca califican como “Guapo”, “Cool” o algún otro calificativo que implique “Pertenencia” al grupo de los Chingones, también se queda guardado.

Como se queda guardado en lo más profundo del corazón ser molestado o atacado por alguna circunstancia que no califica dentro de los estándares sociales: ser más lento, más chaparro, más gordito, más callado, más tímido, o menos capaz para algo que todos hacen. Y no sólo en la infancia. La pubertad puede ser una época terrible si no “calificas”.

Poco a poco se va formando la idea de que tienes que ser lo que otros esperan de ti, para poder vivir en paz y feliz. Y entonces te acostumbras a buscar la calificación externa.

Cuando de pequeño estuve en un equipo de clavados, antes de ser nadador, apenas salía del agua y preguntaba a mi entrenadora “¿Cómo lo hice?”, y buscaba en su cara la señal de aprobación o rechazo. Cuando me pasé al equipo de natación, lo mismo. Apenas tocaba la pared y levantaba la cara para preguntar “¿Cuánto hice?”

Hoy me doy cuenta (con un poco de tristeza) que tanto mi humor como mi seguridad de pequeño giraban entorno a la respuesta que recibía a ese tipo de preguntas. Si la respuesta de la cronometrista era la que yo esperaba, salía del agua orgulloso, y me sentía capaz de enfrentar a mis amigos del equipo de natación.

En cambio, si la respuesta era un tiempo mayor al que yo esperaba, al salir del agua aventaba los gogles, y me iba a una esquina para hacer coraje. El problema, es que lo que más me preocupaba no era el haberme fallado a mí mismo, sino el haber creado un hueco de vulnerabilidad frente a mis compañeros del equipo. Pero todo eso, apenas lo entiendo el día de hoy.

Así crecí. Buscando calificaciones, títulos y puestos que me permitieran sentirme seguro de enfrentar al mundo.  Medallas que me permitieran tener la seguridad de pensar “Ahora si nadie va a dudar de Max”.

El problema, es que vivir así se convierte en una carga muy pesada. Levantar siempre la cara para preguntar “¿Cómo lo hice?” se convierte en una obligación muy estresante. Se lleva demasiada energía.

Y de pronto, te das cuenta de que en realidad, a nadie le importaba tanto.

El niño pendejo que te molestaba, estaba sólo sacando su propia inseguridad, y protegiendo el secreto de sus propias carencias. La mayoría de aquellos que te calificaban, estaban sólo haciendo su trabajo, o cumpliendo un requisito. Mis padres me iban a querer exactamente igual, como estrella de la escuela y el deporte, que siendo gordito y huevón.

En realidad, a nadie le importaba tanto. Y en realidad, las calificaciones y juicios, no importaban tanto.

Por eso me pregunto  ¿Qué pasaría si hoy dejo de ponerme calificaciones en todo lo que hago?

¿Qué pasaría si al final del día no me preguntara a mí mismo si fue un día productivo o no? Creo que viviría más tranquilo y en paz, y podría disfrutar aquellas actividades que fueron parte de mi día, y sacarles todas las lecciones que tenían.

¿Qué pasaría si dejara de evaluar mis relaciones personales, y a las personas que se relacionan conmigo? Podría sentirlas más y servirlas mejor, podría profundizar cada hermosa conexión con base en lo que las otras personas son, y no con base en lo que yo esperaba que fueran.

¿Qué pasaría si dejara de evaluar mis niveles de placer y satisfacción, y los niveles de aquellos a los que puedo provocárselos? Podría vivirlos plenamente e intensamente….. “¿Cómo lo hice?” jamás debería ser la pregunta, cuando se trata de disfrutar.

¿Qué pasaría si hoy dejo de preocuparme por la opinión de la gente, respecto de mi éxito profesional o los logros alcanzados? Podría escoger mejor mis batallas, y diseñar mi propio concepto de éxito, en cada aspecto de mi vida, para ser feliz.

¿Qué pasaría si hoy simplemente dejo de preocuparme por las calificaciones en general? Afuera de mí, no pasaría absolutamente nada. Adentro de mí, pasaría absolutamente todo.

Por eso……..Ya no quiero hacerlo. Pero estoy demasiado acostumbrado.

Y así, a partir de hoy, le pido ayuda a quienes me aman tal como soy, para que me recuerden todos los días, que lo único que necesito, es ser Yo, y que eso….

ES MÁS QUE SUFICIENTE

1 comentario:

  1. Tal como eres, es mas que suficiente! Así? Eres excepcional, único y querible! Te vuelvo a escribir, aunque lo ignores, disfruta la vida, como el sol que sale cada día!

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