¿Qué pasaría si un día
decidiéramos dejar de calificar todo lo que hacemos?
¿Qué pasaría si no nos preocupara
la evaluación externa, la calificación o la opinión de otros?
¿Qué pasaría con nuestra vida, si
aprendiéramos a vivir sin juzgarnos y calificarnos a nosotros mismos?
Vamos a hacer el ejercicio….
Desde que nacemos, nos ponen una
calificación. Según la escala de Apgar, que se hace al minuto uno y cinco de
nacidos, somos mejores o peores, dependiendo de la escala en la que nos ubican.
Los papás preguntan ansiosos “¿Qué calificación tuvo doctor?”……y se sienten de
maravilla cuando les dan un buen resultado, y hasta lo presumen orgullosos con las
visitas en el hospital “Sacó 9.8”, como si eso fuera a tener algo que ver con
su desarrollo futuro.
Y a partir de ese momento, todo
lo que hacemos está bajo el escrutinio y calificación de todo mundo. Pareces valer
más si estás en la escolta y en los tres primeros lugares de promedio del
salón, que si eres el que provoca audiencias constantes de tus padres con la
maestra. El hermano estrellita es el que la mamá presume con otras mamás, y el
otro “es muy simpático y ocurrente”.
Cualquier deporte en el que te
involucraras desde pequeño tenía grados, cintas, evaluaciones, tiempos tope,
estadísticas, etc.
No está mal la competencia, a mí
me encanta, y creo que el haber sido muy deportista desde pequeño, y haber
estado en una muy buena escuela toda mi vida, me hicieron lo que soy el día de
hoy, y me gusta lo que soy el día de hoy.
Sin embargo, también creo que a
veces la presión es demasiada, y tiene consecuencias. Desde pequeños recibimos
el mensaje de que valemos el equivalente a nuestras capacidades.
Ser escogido al último para el
partido de fut de la escuela es una fea marca que se queda para toda la vida. Ser
el alumno que nunca saca premios de nada, también. Ser el niño al que nunca
califican como “Guapo”, “Cool” o algún otro calificativo que implique “Pertenencia”
al grupo de los Chingones, también se queda guardado.
Como se queda guardado en lo más
profundo del corazón ser molestado o atacado por alguna circunstancia que no
califica dentro de los estándares sociales: ser más lento, más chaparro, más
gordito, más callado, más tímido, o menos capaz para algo que todos hacen. Y no
sólo en la infancia. La pubertad puede ser una época terrible si no “calificas”.
Poco a poco se va formando la
idea de que tienes que ser lo que otros esperan de ti, para poder vivir en paz
y feliz. Y entonces te acostumbras a buscar la calificación externa.
Cuando de pequeño estuve en un
equipo de clavados, antes de ser nadador, apenas salía del agua y preguntaba a
mi entrenadora “¿Cómo lo hice?”, y buscaba en su cara la señal de aprobación o
rechazo. Cuando me pasé al equipo de natación, lo mismo. Apenas tocaba la pared
y levantaba la cara para preguntar “¿Cuánto hice?”
Hoy me doy cuenta (con un poco de
tristeza) que tanto mi humor como mi seguridad de pequeño giraban entorno a la
respuesta que recibía a ese tipo de preguntas. Si la respuesta de la
cronometrista era la que yo esperaba, salía del agua orgulloso, y me sentía
capaz de enfrentar a mis amigos del equipo de natación.
En cambio, si la respuesta era un
tiempo mayor al que yo esperaba, al salir del agua aventaba los gogles, y me
iba a una esquina para hacer coraje. El problema, es que lo que más me
preocupaba no era el haberme fallado a mí mismo, sino el haber creado un hueco
de vulnerabilidad frente a mis compañeros del equipo. Pero todo eso, apenas lo
entiendo el día de hoy.
Así crecí. Buscando calificaciones,
títulos y puestos que me permitieran sentirme seguro de enfrentar al mundo. Medallas que me permitieran tener la seguridad
de pensar “Ahora si nadie va a dudar de Max”.
El problema, es que vivir así se
convierte en una carga muy pesada. Levantar siempre la cara para preguntar “¿Cómo
lo hice?” se convierte en una obligación muy estresante. Se lleva demasiada
energía.
Y de pronto, te das cuenta de que
en realidad, a nadie le importaba tanto.
El niño pendejo que te molestaba,
estaba sólo sacando su propia inseguridad, y protegiendo el secreto de sus
propias carencias. La mayoría de aquellos que te calificaban, estaban sólo
haciendo su trabajo, o cumpliendo un requisito. Mis padres me iban a querer
exactamente igual, como estrella de la escuela y el deporte, que siendo gordito
y huevón.
En realidad, a nadie le importaba
tanto. Y en realidad, las calificaciones y juicios, no importaban tanto.
Por eso me pregunto ¿Qué pasaría si hoy dejo de ponerme
calificaciones en todo lo que hago?
¿Qué pasaría si al final del día
no me preguntara a mí mismo si fue un día productivo o no? Creo que viviría más
tranquilo y en paz, y podría disfrutar aquellas actividades que fueron parte de
mi día, y sacarles todas las lecciones que tenían.
¿Qué pasaría si dejara de evaluar
mis relaciones personales, y a las personas que se relacionan conmigo? Podría
sentirlas más y servirlas mejor, podría profundizar cada hermosa conexión con base
en lo que las otras personas son, y no con base en lo que yo esperaba que
fueran.
¿Qué pasaría si dejara de evaluar
mis niveles de placer y satisfacción, y los niveles de aquellos a los que puedo
provocárselos? Podría vivirlos plenamente e intensamente….. “¿Cómo lo hice?”
jamás debería ser la pregunta, cuando se trata de disfrutar.
¿Qué pasaría si hoy dejo de
preocuparme por la opinión de la gente, respecto de mi éxito profesional o los
logros alcanzados? Podría escoger mejor mis batallas, y diseñar mi propio
concepto de éxito, en cada aspecto de mi vida, para ser feliz.
¿Qué pasaría si hoy simplemente
dejo de preocuparme por las calificaciones en general? Afuera de mí, no pasaría
absolutamente nada. Adentro de mí, pasaría absolutamente todo.
Por eso……..Ya no quiero hacerlo. Pero
estoy demasiado acostumbrado.
Y así, a partir de hoy, le pido
ayuda a quienes me aman tal como soy, para que me recuerden todos los días, que
lo único que necesito, es ser Yo, y que eso….
ES MÁS QUE SUFICIENTE
Tal como eres, es mas que suficiente! Así? Eres excepcional, único y querible! Te vuelvo a escribir, aunque lo ignores, disfruta la vida, como el sol que sale cada día!
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