Un Nuevo Espacio

UN NUEVO ESPACIO


Vamos a empezar de nuevo.

jueves, 6 de agosto de 2015

A punto de llegar a los 40...


Este mes cumplo 40. Se oye fuerte.  Pero me siento mejor que nunca.

Se siente  como llegar a la mitad del camino. Siento como si me quedara un tanto más o menos igual al que ya viví.

En un famoso cartón de Quino, Mafalda lee en un libro la frase “La Vida comienza a los cuarenta” y ella se pregunta con cara de angustia “¿Entonces para qué cuernos nos hacen venir con tanto anticipación?”

Siempre he sido el fan número uno de Quino y Mafalda, pero hoy río más que nunca con ese cartón.

Hoy creo saber mejor que nunca el sentido de la frase y la respuesta a la pregunta de Mafalda.

Según el psicólogo Mihály Cskszentmihalyi (no estoy inventando su apellido ni tiene faltas de ortografía!!!!  Jajajaja, su apellido es tan impronunciable como él es brillante!!! No dejen de leer su Libro más famoso “Flow”)……en fin, según este famoso psicólogo, los seres humanos pasamos por tres etapas de desarrollo básicas para definir la personalidad. Y algunos, una cuarta.

La primera etapa inicia al nacer. De niños, y hasta que entramos en la adolescencia, se trata de Descubrir. Aprender a través del encuentro físico con las cosas. Saber del mundo a través de los sentidos.

En la segunda etapa, la clave es Pertenecer. Entrar a un grupo, a un clan, a una tribu, o varias, que te den sentido de pertenencia, y te dejen entender algo de lo que eres. Lo que buscamos en la segunda etapa es definirnos a través del reflejo de otros que se parecen a mí, o quieren lo mismo que yo.

Luego, viene la tercera etapa.

Todos, o casi todos, entramos en una crisis. Y la pregunta en esta tercera etapa es:  “¿Quién soy yo?”

El grado de profundidad con el que se vive esta crisis depende de la personalidad y el contexto de cada persona. Y también de eso depende pasar o no a una cuarta etapa. No todo mundo lo hace.

Algunos la viven sólo por la superficie. Llenos de ocupaciones, cosas, tareas, responsabilidades y rutinas, deciden que el grupo al que pertenecen ya les dio la respuesta, y Son aquello que el grupo ya definió que son. El título, el lugar, el estatus o la falta de éste, ya contestaron la pregunta, y ahora sólo se trata de sobre llevarla de la mejor manera posible.

Otros (como yo), viven esta crisis con mucha más profundidad. Los intensos.

Para éstos, la tercera etapa, a la que se refiere el psicólogo croata de apellido impronunciable, es un shock. Se trata de una verdadera bifurcación en la vida: “Le sigo por el mismo camino…….o me detengo, analizo mi vida y le doy un giro”.

Para personas como yo, la pregunta “¿Quién soy yo?” es todo un dilema. A veces incluso, una tormenta.

Los títulos que me puso el grupo o los grupos a los que pertenezco, ya no me explican mucho sobre mí, y algunos incluso me chocan y me desagradan.

El estatus, poco o mucho, ya no me sirve para nada.

Las cosas materiales, sólo me entretienen un rato, y me sirven para satisfacer necesidades propias y de mi familia.

Las costumbres y normas sociales me aburren. Las reglas morales y religiosas me parecen cada vez más absurdas, enajenantes y encadenantes.

Las pláticas de algunos conocidos de toda la vida me parecen estúpidas y repetitivas hasta la náusea.

Ser “reconocido” me provoca cada día menos emoción. “Encajar” en nuevos grupos me da cada vez más gueva!!!

Es decir, todo aquello que parecía normal, incluso deseable, hoy me parece absurdo, inútil y aburrido. Madres!

“Pinche abuelo!” me dicen algunos amigos.

Y así me sentiría, como un pinche abuelo, si no hubiera tenido la fortuna de toparme con los Libros del croata. Básicamente me dijo: “Relájate pendejo, es normal, todo mundo pasa por ahí. No estás viejo, sólo estás en crisis”.

Hace 5 meses que lo leí, le entendí poco. Hoy lo entiendo perfecto.

En efecto, no soy un pinche abuelo, pero tengo una nueva claridad, que sólo llega con la edad y las crisis.

No voy a comprar una moto, ni un coche deportivo, ni voy a buscar una chavita de veinte años para sentir que aún puedo pasar por chamaco. Por ahí no va mi crisis.

Lo que quiero saber es quién soy, debajo de todo aquello que se fue construyendo alrededor de mí.

No soy mi contexto. No soy la imagen que otros tienen de mí. No soy aquello que otros esperan de mí, incluso aquellos que me aman.

Soy algo más complejo, profundo y……espero……interesante.

Soy lo que pienso. Soy lo que sueño. Soy lo que imagino. Soy aquello que diseño y construyo. Soy lo que entiendo de mí. Soy lo que creo de mí. Soy lo que veo de mí. Soy aquello que la gente que me ama, refleja de mí.

Soy un pinche roperito cuadrado y chaparro que siempre está lleno de energía, ideas y pasión. Soy un niño travieso que vive para jugar. Soy un adicto a provocar sonrisas. Soy un inconforme con lo que se vive en mi país y en mi mundo.

Soy un soñador de 40 años que aún cree que las cosas pueden ser diferentes.

Soy un iluso que cree que puede ser un factor, que provoque ese cambio.

Soy un romántico que cree en el poder del amor.

Soy un intolerante de la gente que no cree en nada más que en sí mismos.

Soy un amigo leal, y un hijo agradecido, de un dios amoroso.

Así, ya tengo la respuesta. Ya sé quién soy. No fue fácil llegar hasta aquí. Pero ya llegué.

Entonces, ¿ya pasé a la Cuarta Etapa? ¿A esa que sólo algunos deciden buscar?

¡Ni Madres!

El pedo, es que ahora me surgió otra pregunta: “¿Y qué hace uno con todo esto?”

Cuando cambias desde adentro, todo lo de afuera cambia. Todo se ve distinto. Unas cosas se ven más Bellas y completas. Pero otras dejan de ser necesarias en tu vida.

Hay gente que ahora brilla ante tus ojos como nunca, y que encaja de manera perfecta en tu nueva vida. Y otros que pierden por completo el brillo, y hasta cuesta trabajo recordar por qué estaban tan cerca de ti.

Y entonces, la crisis no acaba con la respuesta a la pregunta “¿quién soy?”

A punto de entrar en la segunda crisis, me topé con el Libro “Breaking the habit of being Yourself”, de Joe Dispenza. Cuando leí el título, moría de risa.

¿Es un mal hábito ser como soy? Descubrí que sí.

Descubrí que uno de mis peores hábitos es creer que debo saber siempre qué debo hacer, hacia dónde debo dirigirme,  y qué sigue.

Para mí, esto era un buen hábito: planear y prevenir.

El problema es que yo no sólo planeaba, pretendía controlar el siguiente paso, y su contexto.

Así, ni siquiera responder una pregunta tan profunda y trascendental como  “¿quién soy?”, me tenía tranquilo.

Hasta que decidí tomar uno de los mejores consejos del libro: Tú encárgate del Diseño de tus Sueños, y de visualizarlos, y déjale al universo el “Cómo” y el “Cuándo”.

“Chale,….. ¿Te cae que es tan sencillo?” me he preguntado incrédulo una y otra vez.

Hasta que decidí creerle y aplicarlo. Y les juro que las cosas empiezan a suceder.

Así, llego a mis 40 en un gran momento. Ya sé quién soy. Ya sé qué quiero hacer con mi vida. Ya sé con quién cuento para acompañarme en el camino.

Ahora sólo necesito aprender a tener fe en que la senda se irá aclarando.

Y aprender a recorrerlo con una sonrisa.

jueves, 18 de junio de 2015

Soñar con el Actor, no con el escenario





Los sueños no te dicen a dónde vas a llegar, te dicen cómo eres cuando eres Tu, cuando eres Feliz.

Los sueños no deben ser el lugar ideal al que quieres llegar, aquel día lejano en el que finalmente podrás ser feliz. Los sueños te deben de enseñar, más bien, a la persona que puede ser, cuando buscas lo que quieres.

Yo cometí el error de creer que los sueños eran aspiraciones lejanas, de algo que vendrá, cuando ciertas cosas sucedan.

En realidad, son la herramienta que tenemos en la mente para imaginar aquello que somos, cuando hacemos lo que queremos. Son la posibilidad de vernos a nosotros mismos, en nuestra mejor versión.

En un sueño, tu construyes el escenario, tu construyes el tiempo, el contexto, pero sobre todo, imaginas cómo eres cuando vives todo eso.

El error que yo cometí por muchos años, fue creer que esa persona que aparecía en medio del sueño, o sea yo, sólo podía tener esa cara de felicidad cuando el escenario, el contexto y el tiempo se dieran como yo los imaginaba. Así como aparecían en el sueño. Eso era lo importante del sueño.

Y así, mi esfuerzo se centraba en crear las condiciones externas, y buscar el tiempo correcto, para ser como aparecía en el sueño. Libre y Feliz.

Dos problemas.

Yo no controlo el tiempo ni el contexto. Por más esfuerzos que haga.

Y así, el escenario jamás será como el que yo imaginaba. El trabajo de mis sueños nunca será como el que yo veía, la casa de mis sueños nunca será como yo la proyectaba, mis hijos nunca serán como yo los había visto en mis sueños, mi futuro jamás será como yo lo había pensado.

La primera reacción al darme cuenta de esto, fue de angustia. A mi me gusta planear mi vida, me gusta proyectarla, me gusta imaginarla para hacer una buena estrategia, y para saber todo lo que tengo que hacer para llegar al siguiente paso.

Me angustió darme cuenta que mi futuro no se va a parecer a mis sueños, y que mis planes me van a llevar a un lugar diferente al que yo estoy pensando.

Soy malo para enfrentar la incertidumbre.

Hasta que entendí que no tengo que enfrentarla. Porque hay algo en cada sueño que si depende de mi, que yo puedo diseñar, crear y construir. Que me da certidumbre, y sobre todo, Paz.

El único elemento de mis sueños que depende de mi, es el actor principal. Nada puedo hacer respecto del lugar, del tiempo o de las circunstancias. Pero si puedo vivir como vive el personaje que habita en mis sueños, porque soy yo.

Ese tipo que es feliz en mis sueños, sonríe porque yo así lo estoy imaginando.

Yo decido que sonría, porque está en mi sueño, no porque tiene cosas, o hace cosas, o porque éstas le llegaron en el momento adecuado.

Y así, se me quitó la angustia.

Se me quitó la necesidad de planear el contexto y el tiempo.

Se me quitó la necesidad de planear y construir el escenario, de tener cosas y hacer cosas para que la realidad se parezca al escenario de mis sueños.

Esta necesidad consume demasiada energía. Quita demasiada atención, y al final, nunca queda igual. Después de planear, hacer y trabajar, el día que llega, el escenario es otro, y la película cambia.

Entonces, ¿a tirar la hueva y dejar que la vida pase?

No en mi caso. Ahora mi energía la voy a dedicar a trabajar hacia adentro.

Yo quería arreglar el caos de afuera, para apaciguar, como por arte de magia, el caos de adentro.

Y el caos de afuera se la pasa agarrándome a madrazos todos los días. Yo quería orden afuera, para poder después tenerlo adentro. Y nunca sucedía.

Ahora quiero armonizar y equilibrar el caos de adentro, para poder vivir feliz en el caos de afuera.

Ahora quiero claridad por dentro, para poder vivir en el desmadre que hay allá afuera. Pero No sólo para sobrevivir, sino para vivir pleno y feliz.

Y no sólo para atravesar por el caos de afuera, sino para influir positivamente en el. Ese es mi sueño. Ser un agente positivo de cambio. Ser luz que mueva cosas.

Ahora, cuando cierre los ojos y sueñe, me voy a concentrar en el personaje central, y no en el escenario donde éste juega a ser feliz.

 Ahora, cuando sueñe, voy a fijarme más en el tipo que sonríe, y baila, y juega y se siente pleno, en el centro del escenario, para aprender a ser como él.


Ahora cuando sueñe, lo haré pensando en un tipo feliz, ….y no en un lugar y en un tiempo feliz.

viernes, 12 de junio de 2015

¿Y si hoy dejara de ponerme calificaciones?




¿Qué pasaría si un día decidiéramos dejar de calificar todo lo que hacemos?

¿Qué pasaría si no nos preocupara la evaluación externa, la calificación o la opinión de otros?

¿Qué pasaría con nuestra vida, si aprendiéramos a vivir sin juzgarnos y calificarnos a nosotros mismos?

Vamos a hacer el ejercicio….

Desde que nacemos, nos ponen una calificación. Según la escala de Apgar, que se hace al minuto uno y cinco de nacidos, somos mejores o peores, dependiendo de la escala en la que nos ubican. Los papás preguntan ansiosos “¿Qué calificación tuvo doctor?”……y se sienten de maravilla cuando les dan un buen resultado, y hasta lo presumen orgullosos con las visitas en el hospital “Sacó 9.8”, como si eso fuera a tener algo que ver con su desarrollo futuro.

Y a partir de ese momento, todo lo que hacemos está bajo el escrutinio y calificación de todo mundo. Pareces valer más si estás en la escolta y en los tres primeros lugares de promedio del salón, que si eres el que provoca audiencias constantes de tus padres con la maestra. El hermano estrellita es el que la mamá presume con otras mamás, y el otro “es muy simpático y ocurrente”.

Cualquier deporte en el que te involucraras desde pequeño tenía grados, cintas, evaluaciones, tiempos tope, estadísticas, etc.

No está mal la competencia, a mí me encanta, y creo que el haber sido muy deportista desde pequeño, y haber estado en una muy buena escuela toda mi vida, me hicieron lo que soy el día de hoy, y me gusta lo que soy el día de hoy.

Sin embargo, también creo que a veces la presión es demasiada, y tiene consecuencias. Desde pequeños recibimos el mensaje de que valemos el equivalente a nuestras capacidades.

Ser escogido al último para el partido de fut de la escuela es una fea marca que se queda para toda la vida. Ser el alumno que nunca saca premios de nada, también. Ser el niño al que nunca califican como “Guapo”, “Cool” o algún otro calificativo que implique “Pertenencia” al grupo de los Chingones, también se queda guardado.

Como se queda guardado en lo más profundo del corazón ser molestado o atacado por alguna circunstancia que no califica dentro de los estándares sociales: ser más lento, más chaparro, más gordito, más callado, más tímido, o menos capaz para algo que todos hacen. Y no sólo en la infancia. La pubertad puede ser una época terrible si no “calificas”.

Poco a poco se va formando la idea de que tienes que ser lo que otros esperan de ti, para poder vivir en paz y feliz. Y entonces te acostumbras a buscar la calificación externa.

Cuando de pequeño estuve en un equipo de clavados, antes de ser nadador, apenas salía del agua y preguntaba a mi entrenadora “¿Cómo lo hice?”, y buscaba en su cara la señal de aprobación o rechazo. Cuando me pasé al equipo de natación, lo mismo. Apenas tocaba la pared y levantaba la cara para preguntar “¿Cuánto hice?”

Hoy me doy cuenta (con un poco de tristeza) que tanto mi humor como mi seguridad de pequeño giraban entorno a la respuesta que recibía a ese tipo de preguntas. Si la respuesta de la cronometrista era la que yo esperaba, salía del agua orgulloso, y me sentía capaz de enfrentar a mis amigos del equipo de natación.

En cambio, si la respuesta era un tiempo mayor al que yo esperaba, al salir del agua aventaba los gogles, y me iba a una esquina para hacer coraje. El problema, es que lo que más me preocupaba no era el haberme fallado a mí mismo, sino el haber creado un hueco de vulnerabilidad frente a mis compañeros del equipo. Pero todo eso, apenas lo entiendo el día de hoy.

Así crecí. Buscando calificaciones, títulos y puestos que me permitieran sentirme seguro de enfrentar al mundo.  Medallas que me permitieran tener la seguridad de pensar “Ahora si nadie va a dudar de Max”.

El problema, es que vivir así se convierte en una carga muy pesada. Levantar siempre la cara para preguntar “¿Cómo lo hice?” se convierte en una obligación muy estresante. Se lleva demasiada energía.

Y de pronto, te das cuenta de que en realidad, a nadie le importaba tanto.

El niño pendejo que te molestaba, estaba sólo sacando su propia inseguridad, y protegiendo el secreto de sus propias carencias. La mayoría de aquellos que te calificaban, estaban sólo haciendo su trabajo, o cumpliendo un requisito. Mis padres me iban a querer exactamente igual, como estrella de la escuela y el deporte, que siendo gordito y huevón.

En realidad, a nadie le importaba tanto. Y en realidad, las calificaciones y juicios, no importaban tanto.

Por eso me pregunto  ¿Qué pasaría si hoy dejo de ponerme calificaciones en todo lo que hago?

¿Qué pasaría si al final del día no me preguntara a mí mismo si fue un día productivo o no? Creo que viviría más tranquilo y en paz, y podría disfrutar aquellas actividades que fueron parte de mi día, y sacarles todas las lecciones que tenían.

¿Qué pasaría si dejara de evaluar mis relaciones personales, y a las personas que se relacionan conmigo? Podría sentirlas más y servirlas mejor, podría profundizar cada hermosa conexión con base en lo que las otras personas son, y no con base en lo que yo esperaba que fueran.

¿Qué pasaría si dejara de evaluar mis niveles de placer y satisfacción, y los niveles de aquellos a los que puedo provocárselos? Podría vivirlos plenamente e intensamente….. “¿Cómo lo hice?” jamás debería ser la pregunta, cuando se trata de disfrutar.

¿Qué pasaría si hoy dejo de preocuparme por la opinión de la gente, respecto de mi éxito profesional o los logros alcanzados? Podría escoger mejor mis batallas, y diseñar mi propio concepto de éxito, en cada aspecto de mi vida, para ser feliz.

¿Qué pasaría si hoy simplemente dejo de preocuparme por las calificaciones en general? Afuera de mí, no pasaría absolutamente nada. Adentro de mí, pasaría absolutamente todo.

Por eso……..Ya no quiero hacerlo. Pero estoy demasiado acostumbrado.

Y así, a partir de hoy, le pido ayuda a quienes me aman tal como soy, para que me recuerden todos los días, que lo único que necesito, es ser Yo, y que eso….

ES MÁS QUE SUFICIENTE

martes, 9 de junio de 2015

Un Nuevo Espacio

El entorno parece querer llevarnos constantemente hacia un estado de conflicto, angustia y estrés constante. Y yo ya estoy hasta la madre.

En mi vida cotidiana trabajo y convivo permanentemente con aquello que nos enorgullece menos de ser mexicanos. Y me tenía un poco atrapado. Todos los días trato de poner mi parte en la construcción de un lugar mejor, pero no es lo único que soy.

Recordé que escribir y crear me ayuda a escapar un rato de eso, que sólo es mi profesión. Soy más que un hombre que trabaja.

Me gusta escribir, y me gusta compartir, y me gusta provocar, y me gusta hacer sonreír. Y de eso quiero que se trate este nuevo espacio.

Quiero que sea simple. Quiero que sea fácil. Quiero que sea auténtico. Pero sobre todo, quiero que sea positivo.

Quiero que sirva para que te escapes conmigo un rato, para pensar y sentir aquello que nos hace humanos: la capacidad de Amar y ser Felices.


Vamos a empezar de nuevo.

Este Mundo Va……pero tu puedes hacerlo un lugar Mejor





Frena.
Respira.
Observa.
No hay prisa.

Tienes 5 minutos para leer esto. Si los tienes.

Yo cerré la puerta de mi oficina y puse a Miguel Bosé, y nada pasó. El mundo no se cayó mientras yo desaparecía un rato a escribir. (Aunque el Max de siempre preguntaba constantemente “¿No vas a trabajar?”, y yo le contestaba “No estés chingando).

Bosé cantaba:

En este mundo que va

Como la luz del pensamiento

El merito está, el no quedarme en el intento

Y aunque no lo quiera que duda cabe ya
Este mundo va

Este mundo va

Este mundo va. Conmigo o sin mi. Se mueve igual si estoy, o si me ausento. El mundo sigue, no frena. No somos tan importantes como creemos….. ¿o si?

El mundo no deja de moverse cuando te sientas a verlo pasar, cuando dejas que la vida te derrote o cundo te somete al ritmo de los demás.

Pero el mundo cambia cuando Creas.  El mundo si se transforma cuando pones en él algo de ti. El mundo es un poquito mejor cuando sonríes, o cuando provocas una sonrisa. El mundo es mejor cuando le dices a alguien TE AMO. El mundo se transforma cuando escribes algo que provoca alegría, o dibujas algo que mueve al alma.

El mundo ya es mejor cuando lo imaginas mejor. Cuando en tu mente aparece un lugar mejor al que pisas en este momento. El mundo cambia porque en tu mente y en tu corazón ya existe una nueva posibilidad. Esta nueva posibilidad te marca el camino, y tu corazón te mueve a recorrerlo. Por eso, algo cambia, desde que lo imaginas.

Soñar con algo que aún no existe es justo lo que nos diferencia de los demás seres vivos. Crear en nuestra mente un mundo diferente, es algo que sólo nosotros podemos hacer.

Poner a trabajar nuestros talentos, nuestra energía y nuestro amor para crear un lugar mejor para los nuestros, es lo que nos hace grandes. Y desde que lo imaginas, algo cambia, porque ya existe en ti, y ya te mueve.

El mundo va……pero va mejor contigo en él.

Cada uno de nosotros tiene una Misión. Ninguna es igual. Todas son importantes. Pero el mundo no espera a que encuentres la tuya.

A veces aparece como un rayo cegador de luz. Otras veces aparece en sutiles mensajes. A veces es clara desde que eres muy pequeño. Otras veces espera a que estés listo. Pero siempre llega.

Necesitas dos cosas para encontrarla: tener los ojos abiertos, y tener el corazón abierto. Los ojos para verla, y el corazón para asumirla.

Pero después necesitas amor para llevarla a cabo. Con el tuyo basta, pero se multiplica cuando lo combinas con el amor de otros.

El amor que tienes dentro puede ser suficiente, pero el camino de tu Misión no es fácil, y es mejor recorrerlo acompañado. Y el mejor aliado es alguien que te ame por lo que eres hoy, y por lo que quieres ser mañana. Alguien que no necesite más de lo que eres en este momento, pero que sueñe con verte florecer. Alguien que te ame tal como eres hoy, pero que no quiera mantenerte guardado en un portarretratos que no cambia.

Si tienes una Misión, Amor para llevarla a cabo y Alguien que te acompañe, ya chingaste, porque lo tienes todo.

Así, vuelve a preguntarte ¿eres importante para el mundo?.......Mucho, porque sin ti y tu Misión, es un poquito menos bello.